Cómo sobrevive una familia con 400 euros

El pasado 6 de
junio Laura Vié Dohmen escribió desesperada un correo electrónico a una
asociación en el que pedía un trabajo para ella y su marido. Ambos
están en el paro. Él es cocinero con 25 años de experiencia, pero
padece epilepsia. Ella es violinista y ciuda de sus tres hijos, uno
autista y la más pequeña, de 2 años, operada de un tumor en la
garganta. La crisis los ha llevado de vivir en un ático y ganar 1.900
euros al mes con un trabajo fijo a sobrevivir con 421 euros de subsidio
para cinco personas en una casa de protección social.

LAURA DOCAMPO | PUERTO DE LA CRUZ
Te cuento: mi nombre es Laura, mi marido se llama Ramón y mis 3 hijos
son Sofía y Francisco, mellizos de 6 años, y Agustina, de 2 años. Mi
marido está en el paro. Nuestro hijo Francisco es autista y necesita
una terapia que cuesta 200 euros, pero solo tenemos una ayuda de 421.
Estamos desesperados. Nos comen las deudas". 


Estas
palabras fueron extraídas de un correo electrónico recibido por esta
redactora días atrás y cuentan solo una parte del drama que vive una
familia de Tenerife a la que la crisis económica ha empujado al abismo.
No tienen trabajo y ya extinguieron el subsidio por desempleo. Apenas
cobran una ayuda de 421 euros mensuales, que también dejarán de
percibir en agosto. El es Ramón Rodríguez Pérez, tiene 45 años y es
cocinero hace 25 años, pero padece epilepsia con episodios de ausencia,
es decir que, cuando sufre un ataque se queda en blanco y no recuerda
ni siquiera su nombre. Asegura que con la medicación puede hacer una
vida normal. Ella es Laura Vié Dohmen, tiene 33 años y se encarga de
ciudar a sus tres hijos, uno autista y a la más pequeña le acaban de
extirpar un tumor.

Parece un caso extremo, pero desafortunadamente
no lo es. Son un botón de muestra que simboliza el efecto devastador de
la destrucción de empleo en Canarias y de la desigualdad socioeconómica
cada vez más marcada que impera en unas Islas en las que 136.000
familias viven bajo el umbral de la pobreza, con menos de 6.000 euros
al año, mientras que un 0,05% de la población concentra una riqueza de
más de 4.000 millones de euros. 


"Con lo que ganamos tenemos que
pagar la luz, el agua, la bombona y con lo poco que sobra compramos
algo de comida para los cinco", subrayaba Laura en ese mismo correo que
escribió llorando el sábado 6 de junio a la secretaria de la Asociación
Tinerfeña de Familias Numerosas, +D2. Asegura que estaba "desesperada"
y que sólo les quedaban "diez céntimos en casa para llegar hasta el día
diez" cuando cobran la ayuda. 


Esta semana, Laura y Ramón, junto a
sus tres hijos, recibieron a La Opinión de Tenerife en su casa de
protección social de La Vera, Puerto de la Cruz, donde viven desde hace
cerca de un año. Durante la entrevista, el matrimonio relata cómo les
ha afectado la crisis hasta dejarlos en la cuerda floja con 421 euros.
Pagan los gastos fijos de la casa, compran comida -y otro poco se los
da Cáritas- e invierten lo que les queda en la búsqueda de trabajo:
sacando fotocopias de los currículos y cargando los móviles con cinco
euros. No hay dinero para nada más. Ni para viajar en guagua, todo lo
hacen caminando; ni para la terapia que necesita su hijo...Por no
haber, no hay ni para comprar carne, que hace meses que no entra en su
casa; ni para celebrar el cumpleaños de Ramón (el 2 de julio) con unas
pizzas y Coca Cola, un auténtico lujo fuera de su alcance.


Laura y
Ramón cayeron en el pozo en el que están metidos en 2008, cuando él
perdió el trabajo que tenía después de sufrir un ataque epiléptico en
la calle. "Aparecí dos días después en Santa Cruz", relata y al
instante su esposa puntualiza: "Fueron 37 horas, las conté una a una".
Lo buscaron hasta por televisión, difundiendo su foto. Cuando apareció
a Laura le sonó el móvil. Era Lola Padrón, la alcaldesa del Puerto de
la Cruz. Le habían informado de lo sucedido y conocía detalladamente la
situación de la familia. "Se interesó muy amablemente por nosotros y me
dijo que si necesitaba algo la fuera a ver", recuerda. Y vaya si lo
necesitó.


Su marido perdió el trabajo por aquel incidente y no
volvió a conseguir otro. Sin ingresos, las deudas se fueron acumulando.
Dejaron de pagar el alquiler, las cuotas de lo habían comprado a
plazos, interrumpieron el tratamiento de apoyo de su hijo y hasta llegó
un momento en el que tuvieron que dejar de mandar a los mellizos al
colegio porque no tenían ni para el bono de la guagua.
Así, en
2008 tocaron fondo. Aunque su situación económica no siempre fue así.
En 2003 vivían cómodamente en un ático en Los Realejos. Ramón tenía un
trabajo estable y ganaba 1.900 euros. Durante unos años les fue bien y
en su casa, como en tantas otras de clase media, se compraron
Playstations, ordenadores, unos buenos sillones, un televisor grande,
juguetes…Todo aquel pasado próspero, que recuerda la época de vacas
gordas, sigue presente en su hogar. Para las visitas, aquella casa no
parece la de una familia en bancarrota. Aunque si se mira con más
detenimiento hay otros detalles mucho más austeros y significativos,
como unas servilletas de Barbie, recordadas y convertidas en cenefa con
absoluta maestría en la habitación de las niñas, que hablan por sí
mismos de un derrumbe. 


En medio de la crisis y "comidos por las
deudas", Laura y Ramón decidieron ir a ver a Lola Padrón para pedirle
lo que aún hoy continúan pidiendo: un trabajo. Después de mucho
papeleo, la alcaldesa logró evitar que se quedaran en la calle y los
ubicaron en la casa que ocupan ahora en La Vera. "Yo sé que nos dieron
la casa por la enfermedad de Francisco y les estoy muy agradecida. Pero
preferiría vivir debajo de un puente y tener a mi hijo sano", se
lamenta Laura mientras el niño se entretiene a su lado con un
videojuego. "Es el que mejor con el ordenador. En cambio, con un lápiz
es incapaz de hacer nada", asegura su padre. 


Francisco tiene un
autismo moderado. Habla muy poco y le cuesta expresarse. El tratamiento
que necesita para desarrollar al máximo sus habilidades cuesta
aproximadamente 1.800 euros mensuales en un centro privado, una cifra
totalmente fuera de su alcance. La opción que han elegido sus padres
para él es la terapia ambulatoria de la Asociación de Padres de
Personas con Autismo de Tenerife (Apanate). "Estamos muy ilusionados
porque utilizan un método en el que participa toda la familia y los
casos que conocemos han tenido muy buenos resultados", comenta la
pareja. Están en lista de espera y según afirma con rotundidad José
Luis Barquín, presidente de Apanate, "con los recursos que tenemos no
podemos atender a más gente ". Su magro presupuesto, en el que las
Administraciones canarias apenas depositan unas monedas, deja a las
familias con menos recursos sin alternativa.
Por eso, Laura le
dedica todo su tiempo, noche y día. Se ha convertido en su sombra. Pero
antes de ser madre, Laura era violinista. Llegó a Tenerife hace ocho
años desde su Buenos Aires natal para hacer un curso en el
Conservatorio de Música de Santa Cruz. Estando aquí, estudiaba y
trabajaba en un hotel. Allí conoció a Ramón, lanzaroteño, que trabajaba
de cocinero, y que el primer día que la vio le aseguró que se casaría
con ella. A Laura le pareció un disparate aquella afirmación, pero unos
meses después se fue a vivir con él. 


Ahora, mientras cuida de
Francisco, Sofía y Agustina esperando encontrar un empleo "de lo que
sea" que devuelva cierta normalidad a sus vidas, recuerda a sus amigas
del conservatorio. Una está en una orquesta en Israel, la otra recorre
el mundo dando conciertos. A ella se le rompió un cuerda de su violín
hace meses y ni siquiera ha preguntado cuanto cuesta una nueva. No se
arrepiente del camino que eligió y adora a su familia, pero se niega a
aceptar una realidad testaruda con la que ella y otros 250.000 canarios
se topan cada día en su búsqueda infructuosa de trabajo.

El programa ´21 días´, de Cuatro, vivirá con ellos

La
primera semana de julio, la periodista Samanta Villar, protagonista del
programa 21 días de la cadena nacional Cuatro, se trasladará a Tenerife
para convivir con esta familia durante tres semanas. El reportaje de
Villar pretende mostrar las enormes dificultades que tienen una familia
con todos sus miembros en paro y la escasez de trabajo de Canarias, al
ser la Comunidad Autónoma con mayor tasa de desempleo de toda España. 


El
desesperado correo electrónico escrito por Laura Vié Dohmen el pasado 6
de junio, pidiendo trabajo para ella y su marido, fue reenviado una y
otra vez por los destinatarios hasta formar una gigantesca cadena que
llegó incluso hasta la bandeja de entrada de correo de la cadena de
televisión del Grupo Prisa. 


Después de pasar 21 días en una
chabola, fumando porros, sin comer o machacando su cuerpo en el
gimnasio, Samanta Villar experimentará lo que vive una persona que
busca trabajo en el Norte de Tenerife y lo hará junto a Ramón Rodríguez
Pérez, cocinero con 25 años de experiencia y sin empleo estable desde
hace años. Villar también se adaptará al presupuesto familiar de 421
euros mensuales, que durante esos días tendrá que alimentar a 6 bocas. 


Cuando
Laura recibió la llamada de Cuatro comprendió el verdadero impacto que
tuvo su carta. En la conversación que mantuvo con la producción, les
alertó de que "no vinieran buscando una chabola, porque mi casa no es
así". Justamente de eso es de lo que quiere huir el programa para
centrar la mirada de la periodista en la realidad de una familia que
vivía con un relativo desahogo hasta que la escasez de trabajo los dejó
prácticamente sin nada. 


Además de la visita de una cadena de
televisión a su casa, el correo de Laura ha generado una avalancha de
solidaridad. En estos días ha tenido infinidad de llamadas de gente que
lo recibió y le ofrece pequeños donativos de ropa, comida o material
escolar.




Fuente: http://www.laopinion.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009062100_9_227318__Sociedad...