Ceremonia de desmovilización en Sudán. (Foto: UNICEF / Stevie Mann)

"Lo peor que puede pensar un niño que ha sido obligado a combatir
es que todo lo que ha vivido y todo lo que le han forzado a hacer no ha
servido para nada". 

Es la opinión de Héloïse Raudal,
directora de la Coalición para detener el uso de niños soldados que aglutina a
diversa ONGs con el mismo objetivo. 

Convencida de que la mejor terapia
es su implicación en la lucha para paralizar conflictos que
utilizan menores como miltares, asegura que "tienen que dejar de ser vistos como
víctimas y pasar a ser sujetos activos, hablar de lo que han vivido, no para
revivir el sufrimiento, sino para comprobar con su propio testimonio que
han conseguido salir". 

A Héloïse le parecen estupendas
iniciativas como la del sierraleonés Ismael Beah que, reclutado
con sólo 13 años por el ejército de su país, ha vertido su experiencia en
un libro que se acaba de publicar en España. 

Su título,
"Un largo camino", refleja todo lo que Ishmael tuvo que
recorrer desde que la guerra le arrancó en 1993 familia e infancia de un mismo
golpe hasta que consiguió reintegrarse en su comunidad.

Dejar de ser niño
soldado no consiste sólo en separarse del arma y alejarse del campo de batalla.
Es un proceso largo y tedioso que resulta prácticamente
imposible concluir sin ayuda. 

A Ismael la mano se la tendió
Unicef, organización que consiguió su desmovilización, junto la
de otros chicos, y lo trasladó a un centro de recuperación. 

Ahora es
embajador de buena voluntad de Unicef para los niños en
situaciones similares y, sobre todo, una esperanza. Como asegura la directora de
Imagen y Sensibilización de Unicef, Amalia Navarro, "él es el
mejor aliado que tenemos para demostrar que reinsertarse es
posible".

Conseguirlo precisa de la colaboración de todas las
partes implicadas
. "Son necesarias una serie de acciones a diferentes
niveles, de diferentes actores para crear un ambiente más protector y minimizar
el riesgo", asegura Héloïse. 

La persuasión de la comunidad –a la que los
grupos armados suelen estar muy vinculados– los acuerdos con los Gobiernos para
endurecer la legislación son muy importantes, pero sobre todo, las
organizaciones trabajan para "que cada estado tenga un código de protección de
niños que permita detener a los responsables", asegura
Navarro. 

Thomas Lubanga, líder de una milicia de la
República Democrática del Congo, se convirtió en 2006 en la
primera persona procesada por la Corte Penal Internacional.

Manipulación

A quien recluta niños para
sus actividades militaresno le importa, sin embargo, que esta práctica haya sido
declarada crimen de guerra o penada por la Convención
de Derechos del Niño


Les importa, eso sí, que un niño es mucho
más vulnerables y manipulable que un adulto. Héloise explica que "aunque el
reclutamiento puede ser forzado, como ocurre en Sierra Leona o
Uganda
, en muchos países más que obligados, son incitados a
participar. 

Instigados por unas circunstancias penosas, por una apurada
situación económica e incluso por una desesperación fruto de la pérdida de toda
su familia. 

Con tan sólo ocho años, muchos han presenciado cómo
violaban a sus hermanas y mataban a sus padres y en un ambiente
de soledad e incomprensión, alguien les ofrece la posibilidad de vengar unos
actos que han asfixiado sus cortas vidas.

En segunda
fila

Conocen sus sentimientos a la perfección y saben
cómo manipularlos. Además, los inducen al combate lentamente y les ordenan
realizar también labores de espionaje, cocina y
logística. 

Las niñas, de las que se habla menos precisamente
porque no empuñan armas, "suponen a veces entre el 30% y el 40%
de los efectivos del grupo –advierte Héloïse– y su reinserción es mucho más
complicada". 

Utilizadas, sobre todo, como objetos
sexuales
, son estigmatizadas por su propia comunidad y, aunque vuelven
por partida doble –embarazadas a consecuencia de las violaciones– hacen la mitad
de ruido que los niños por el bajo grado de aceptación de su
sociedad. 

Esto supone un obstáculo importante a la hora de recoger
información acerca de estas actividades. Al volver tan discretamente, las ONG
no pueden registrar sus casos, que agilizarían el proceso para
desenmascarar a los responsables de estas operaciones deleznables que se
extienden por toda la geografía mundial.

Texto de Isabel Rodriguez.




Fuente: http://aula.elmundo.es/noticia.cfm?idTipoPortada=3...